
Lo que se aprende de cuna siempre dura y la Dirección General de la Mujer lo sabe de buena tinta. Por eso continúa promoviendo la igualdad en los colegios de la región con su campaña '¿Todavía crees que hay deportes para niños y deportes para niñas? que, en su quinta sesión, recaló en el colegio Menéndez Pelayo de Castro Urdiales, un centro que deja patente su compromiso con la causa.
Son las 15:00 horas, comienzan las clases después de comer y el polideportivo del colegio empieza a llenarse de niños expectantes por conocer la actividad que les espera. Los críos no dejan de entrar en el recinto, todos en fila, por cursos, hasta que los profesores consiguen lo que parecía imposible: mantener sentados y en silencio a los 176 niños que esperan para recibir a las jugadoras del Club Balonmano Castro.
Nadie mejor que ellas, que han conseguido con su esfuerzo consolidarse en la máxima categoría de este deporte (División de Honor), que el año pasado disputaron la Copa de la Reina, y que esta temporada optan a ocupar puestos de Copa de Europa, para trasladar a los presentes que las chicas también pueden llegar a lo más alto si se lo proponen. Que el deporte no es sólo cosa de ellos.
Antes de pasar a la práctica el presidente del club, José Ucelay toma la palabra. «Todos somos iguales. No tiene por qué ser malo que un niño practique ballet y una niña fútbol», les arenga. Se une a este argumento la técnico de la dirección general, Silvia Fernández. El énfasis con que pronuncia la frase «¡que todos podáis jugar a cualquier disciplina que queráis!» consigue arrancar un «¡claro!» a un espontáneo que clama como si le fuera la vida en ello y cosecha aplausos y jaleos entre sus compañeros.
Es el paso previo a la acción, lo más esperado, que será un partido de balonmano entre equipos mixtos. Comienzan los de 5º y 6º de Primaria. Cada clase se enfrenta entre sí dividida en dos equipos. El balón empieza a votar y todos salen disparados hacia él. Ya no hay chicas ni chicos, sólo jugadores con peto y sin él. Sus compañeros de otros cursos animan a su grupo favorito aunque, al final, en esta pugna no habrá vencedor ni vencido... habrá triunfado el juego en equipo y, sobre todo el sentimiento de ser iguales, reflejado con la celebración de los goles. Da igual si quién lo marca lleva coleta o pelo corto, todos son una piña.
Mientras, en los banquillos, donde el resto de escolares espera su turno para practicar balonmano, se forman otro tipo de piñas que demuestran que hay juegos que nunca pasan de moda. Dos niñas y dos niños juegan a las palmas al ritmo de una pegadiza canción. Ninguno pierde el ritmo, pese a que el juego se va complicando. Una de las jugadoras reconoce, sin embargo, que «aveces les tenemos que enseñar a ellos y luego nos enseñan a nosotras a jugar al fútbol en el recreo».
O sea, que siguen existiendo entretenimientos y deportes que atraen más a unas que a otros, pero también se puede comprobar que, hoy en día, todos juegan a todo y ninguno habla de deportes para chicas o para chicos. «A mi me gusta mucho jugar a pillar con mis compañeros de clase, también a baloncesto», apunta una alumna, después de que uno de sus amigos confiese, con total naturalidad, que en el patio suele jugar «a las palmas y a la cuerda».
Diamantes sin pulir
Los más pequeños son los últimos en acceder a la pista. Con sólo cuatro años la inocencia se ve en sus caras. Para ellos no existen aún roles ni de chicos ni de chicas. Todavía no han llegado a esa edad en la que los chavales, inconscientemente y por afinidad, comienzan a juntarse más con personas del mismo sexo.
Son diamantes sin pulir que poco a poco, y cual esponjas, comenzarán a absorber de su alrededor todos aquellos aspectos que fraguarán su futura personalidad. El deseo de los organizadores es que esta cita con la igualdad en el deporte sea una de las que quede marcada en su mente y sea indisoluble con su carácter.
Fuente Diario Montañés 09-04-2011